domingo, 21 de noviembre de 2010

Invaluable precio...

Hoy, es quién yo despierto...

Hoy desperté en ti, poniendo sobre mis talones tus ojos duros y penetrantes, mientras me cuestionaba el porque del siguiente argumento...

Cuando dormimos...¿porque nunca nos quitamos los ojos? Es una cuestión que desde que tengo uso de razón, nadie ha podido desentreñar tal aseveración, más no quiero alardear de fanatismo científico, pero yo logré quitarme los ojos al paso que el sueño me iba cobijando con su manto nocturno, y mucha gente me pregunta,  ¿como es que lo hice?

Simple... No necesito verte con los ojos para saber que estas ahí, aquí, aca, allá... puedo leerte con mis otros sentidos, y sin embargo, aunque la guitarra suene y los coros del silencio retumben en mi almohada, puedo saborear tu dulce suspiro de frenesí impostado en mi esternón, y durante algún momento de la fría madrugada, me levanté a hurtadillas como un gato anónimo, y sin provocar ruido alrededor de la orgía silenciosa que reinaba el boulevard, te hallé buscando bajo la arena mis ojos, los cuales, llenos de ansia, fueron a tu búsqueda, y se perdieron en aquel parque donde nos encontramos... flotando a tan solo unos centímetros del fondo de mar.
 
Un leve cosquilleo que empezó como juego, ahora, se me ha salido del corazón. Las hormigas que antes buscaban la imperfección y que recorrían centímetro a centímetro el gran valle del destino, han regresado a su nido, con la fachada baja, derrotadas y molidas por un héroe demoniaco llamado: Amor. 

Los brazos de la eternidad me cerraron su paso, y pavorosamente, corrí al ritmo que las hojas ordenan a los arboles indefensos hacer sonar su silbato de metamorfosis; el cansancio se adueñaba de mí y me detuve un momento para recuperar la sangre fría que dejé volando en tu sonrisa, y encontré un gran pasillo con una puerta abierta, y sin temor, introduje mi cuerpo... Un veneno de felicidad recorrió mis venas, y sin tener algún conocimiento empírico, había encontrado el éxtasis del universo.

La espalda de los labios es tan fría como tu ausencia, casi como matar un venado en temporada invernal...

No hay comentarios:

Publicar un comentario