Hoy, sin caminar, di una caminata sobre la lámpara que nos alumbra cada noche. Intenté cambiar la bombilla, era muy tenue su volar...
Doblé por el rumbo pedregoso de tu nariz perfilada, exhalé un poco de tu ausencia, y formaste tu rostro en el humo que desprendía con cada mirada pacífica, como un enjambre de sueños.
Quiero no tener de ti lo que es de mí, y ser tu secreto bajo tu cama, entre zapatos y aves, cuidarte la espalda bajo las sabanas de tu selva.
Si no fuera el estallido de tus silencios, tus palabras como arcos apuntando al mar, serían tus flancos en un museo de cartas...
Aquí, allá, acá, en tu mesedora, en el fondo del barco, en el sotano del universo, es, donde quiero descansarte...
Y si los huesos de la Tierra se renuevan, yo estaré ahí, escuchando en la corteza de tus risas, tus llamados...
Danzando, ese es tu lugar y mi lugar...
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