Entre una marejada de abejas que se instalan en mi desgano, me voy desdoblando poco a poco...
El sol ya no mira de la misma forma que lo hacía cuando le contaba un cuento a su espalda, una atmósfera roja me ha envenenado las manos, y poco a poco, fui desnudando la piel de mi cuerpo, me rebané los labios y saqué mis ojos del universo, preferí guardarlos en el diván, y usarlos en la próxima lluvia de verano...
Estoy listo, estoy bien... Saldré a beber con la noche, si regreso daltónico o con ceguera, estaré feliz.
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