Desde el techo del océano hasta el fondo de la tierra, puede sentirse esa lluvia gentil, insinuante y plancentera, que invita agradablemente a la dicha, a la explosión y al frenesí de una sonrisa inmutable, la cual, después del gozo del dolor, sea empapada por un campo lleno de besos, en donde tu alma observa las miles formas de gastar tus labios frente a esa huella intacata de tu sonrisa...
Puede que rompamos el cielo en miles de pedazos, transformarlo en un espejo y ahí, poder reflejar nuestra estadía en este hermoso vaivén de mareas, el descanso de nuestras manos sobre la balsa que vaga sin rumbo y destino por el mar de tus flancos...
Puede que desenterremos nuestra piel desde lo mas dentro del viento, con las cuales, las grandes murallas de tu rostro se cubren del susurro de mi tacto, y cegan mi universo...
Puede que la niebla que ha cubierto esta noche te robe un suspiro, y yo, te robe la noche, y a cambio de ella, te entregue cada gota del fondo del mar con un: Te quiero.
Rodrigo Pérez Téllez.
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